Deje el vaso y corría al auto, ella bajo la ventana, me miró y allí estábamos, con el alma destrozada, yo por ella y ella por otro huevón. ¿Qué podía hacer? ¿Subir al auto, dejar a mi pata e irme a escuchar sus lamentos?, ¿Ser el consolador mediático?, ¿Ir y destrozarle la cara al maldito que no la trataba cual princesa?
No hablaba, tan sólo me miraba, cogía mi mano y lloraba. Intente con mi torpeza característica, ser aquel motivador enérgico, firme y duro estaba dispuesto a escuchar cada una de las palabras que explicarían que
Volteé y la música ambiental del auto del amigo de hermano, sonaba con mayor fuerza, el Chin prendía un cigarro y ante cada intento de mi parte por encontrar razones lógicas (muy propias de los idiotas, en el amor eso no existe) a su sufrimiento y sobretodo a mi presencia; lo único que recibía era apretones de manos continuos y mis oídos percibían desgarradores – Cállate por favor… Miguel Hugo tan sólo cállate – La mirada de Chin y los treintañeros amigos de mi hermano eran cada vez mas intimidantes. En aquella época el amor en el barrio era algo reservado para los débiles de carácter. Regrese la mirada y la cagada. Ella lo sintió, vio en mis pupilas al mojón que por entonces era o tal vez soy. Soltó mi mano, encendido el auto y partió. ¿Qué podía hacer? Tenía las llaves del auto, más no el permiso; tenía dinero para el taxi, más no las agallas (Los huevos, acota el Maiky del 2007) la tuve a ella, más mis dudas me tuvieron a mi.
El tiempo pasó por demás rápido y con los años; además del invaluable comentario de muchas damas; existen momentos que necesitan de nosotros sin importar nuestra categorización: Ex, amigo cariñoso, afán jodido, admirador… no importa, tan sólo nos necesitan y allí, casi siempre, nosotros. Si, nosotros: La cagamos.
- Hola Miguel: ¿Sabes, no se qué ponerme?, ¿Estarás allí no?- con esas palabras inicio una conversa tan jodida como la del relato anterior. La actitud del relator no distó mucho de la de algunos años atrás. El resultado: El mismo. Y es que existen códigos sociales (Que las mujeres no comprenden) que pueden destruir nuestro Ego y por ende nos lleva a tomar decisiones estrictamente racionales.
Sin embargo, cuando un hombre y una mujer, sienten que cambian cuando están con la persona indicada; lo racional pierde valor.
Se que el arrepentimiento no devolverá la ceremonia a la agasajada y que tal vez estuvo en otro lugar celebrándolo quizás como y con quienes le aconseje. Sea cual fuese el caso, espero no deseo tener que esperar 2190 días para reconocer un grave error y seguir alejando mas gente vital por
culpa del orgullo o temor.Saben, aquella vez en el muro de la casa me quede helado, escuchando “Si tú no vuelves” de Miguel Bosse, dudo mucho que la protagonista de la primera historia le pida a alguna estrella que le cuente como estoy (Tal como dice la canción); pero sólo por si la estrella es requerida alguna vez. Psss… estrella confiésale que el chico creció, aprendió y ahora de cuando en cuando canta trátame suavemente; aunque claro ya no a ella.
El Mayki










