lunes, 31 de diciembre de 2007

El Chato Carsa y su origen

Las fiestas de fin de año traen al menos a mi hogar Panetón, un poco de lechón y por supuesto el plumifero e infaltable Pavo el mismo que a estas alturas debe de haber saturado nuestro estomago, así como nuestro olfato. Relatar algunas de las historias con nuestro amigo de moco constante no sería lo mas adecuado en este blog dedicado a las historias del Cusco; sin embargo desde hace algunas temporadas no hay navidad que reciba la visita de un personaje particular, el mismo que debe contar con media docena de atributos comparables con nuestro tradicional Pavo Peruano.

A ver… para ello moveremos las nueronas y la imagen de la reciente inauguración de la discoteca Mithology viene con facilidad a mi mente. La noche aún era virginal, pocas bricheras marcabas con antelación a sus victimas, mientras yo disfrutaba de una conversación con la cuasi dueña de la sanguchería que pintorescamente se había instalado dentro de la discoteca. Esta limeñita de cabello corto y sedoso se movía con la agilidad de un cascabel mientras preparaba cualquier sándwich de pollo; llevaba dos noches escuchando aquella grave vocecilla agradable y dado que su relación estaba recientemente finalizada era el momento oportuno para el ataque.

Pedí un sándwich de pavo y casi al instante el ejemplar responde al llamado, atolondrado, con cara de inocente y con andar peculiar, mi buen amigo “Chato Carsa” ingresa a la discoteca. Se para al costado de la barra y no pronuncia palabra alguna. Movió horizontalmente su cabeza un par de veces y trataba de llamar nuestra atención.
La flaca afilaba su cuchillo mientras el pavo de 20 años inclinaba su cabeza de abajo hacía arriba en un intento desesperado por llamar su atención.

-Chochera, ¿Buscas a alguien? Pregunte, pues el percibir que serás picoteado o que van a cagar detrás de ti, es algo desesperante.

-No Loco, todo está cachete, soy pata de la costilla. Puta y la huevona quiere unas huevadas de Carsa. Listo 85% de su léxico podría ser inentendible.

La nena se acercó y con la ternura que la caracterizaba, le invitó un trago. Mi parte racional no comprendía como este tipejo no se daba cuenta que era el peor momento para cerrar un negocio. Interrumpía un momento cósmico y a su vez no recordaba que los socios (la nena y su exnovio) se encontraban separados.

Ella tomo mi mano, inclinó el rostro unos centímetros y con una leve mirada me pidió comprensión. Asentí y a petición de la gatita empecé una conversación. El buen chato habló toda la noche de las ventajas que tenía sacar artículos a crédito en aquella tienda comercial. Tenía ya más de cuatro horas y el seguía enseñando una y otra vez el catálogo a cuanto individuo pasaba por la discoteca, mientras que las bricheras intentabas por todos los medios enseñar su pezones a los gringos que ahora veían el catálogo con inusual interés.

El momento había sido arruinado por completo y la gatita tan sólo tenía tiempo para atender pedidos. Tome un cuchillo y quería contarle el cuello al remedo del ave insignia de las fiestas de fin de año; sin embargo una tomada de mano y otra mirada comprensiva de la gatita me insto a regresar al día siguiente.

Y así sucedió al día siguiente estaba nuevamente en la barra con ella tomando un mate de coca y luego de unos minutos el “Chato Carsa” repetía el ritual, al día sub-siguiente la misma situación y sin darnos cuenta ya teníamos una semana con la sucursal de Carsa instalada dentro de la discoteca.

Jamás logró vendernos un sólo artefacto y dudo mucho que hubiese logrado cerrar algún negocio en ese tiempo. Lo que si consiguió fue alegrarnos algunas noches con su particular modo de ver el mundo y la vida. Interrumpiendo con su pico impertinente más de una conversación y siempre, eso sí, alegrando con sus glugluteadas alguna reunión y sobretodo extendiendo su ala; así le sea dificultoso caminar cuando uno necesita ayuda.

Ya se alejo del Cusco y es un poco difícil verlo con frecuencia, sin embargo sea fiestas navideñas o no, tiene a bien venir a macerarse en Casa; es más trabaja a tres casas de la mía y ahora mientras escribo el blog mira la televisión echadazo en un sillón. Ojala y hoy en alguna fiesta (Si es que vamos) su pico no se abra mucho y no gluglutee demasiado. Hace unos años en una fiesta de año nuevo a una flaca bailando, le dijo al oído, que se manejaba un rico cul… Pero esa es otra historia

El Mayki

lunes, 3 de diciembre de 2007

Confesiones de Veranillo

La música estaba bastante alejada de nuestro point, en realidad apreciaba que fuese así, pues nos permitía departir de un roncito y una buena conversa al Chin y a mí. Tenía un poco de frío y no dejaba de mover el pie; reconozco que la ansiedad por momentos me sacaba de la plática y si mi cuerpo me pedía dormir, todo lo intangible que existía dentro de mi clamaba mantenerme en pie. El teléfono, como era de preverse, nunca sonó; pero esa necesidad extraña, compleja e incomprensible de las chicas por botarlo todo, la hizo aparecer en un sábado a la 1 de la mañana en la puerta de casa.

Deje el vaso y corría al auto, ella bajo la ventana, me miró y allí estábamos, con el alma destrozada, yo por ella y ella por otro huevón. ¿Qué podía hacer? ¿Subir al auto, dejar a mi pata e irme a escuchar sus lamentos?, ¿Ser el consolador mediático?, ¿Ir y destrozarle la cara al maldito que no la trataba cual princesa?

No hablaba, tan sólo me miraba, cogía mi mano y lloraba. Intente con mi torpeza característica, ser aquel motivador enérgico, firme y duro estaba dispuesto a escuchar cada una de las palabras que explicarían que ella este tan lejos de casa y con el poco rimel que usaba, sobre las yemas de sus dedos.

Volteé y la música ambiental del auto del amigo de hermano, sonaba con mayor fuerza, el Chin prendía un cigarro y ante cada intento de mi parte por encontrar razones lógicas (muy propias de los idiotas, en el amor eso no existe) a su sufrimiento y sobretodo a mi presencia; lo único que recibía era apretones de manos continuos y mis oídos percibían desgarradores – Cállate por favor… Miguel Hugo tan sólo cállate – La mirada de Chin y los treintañeros amigos de mi hermano eran cada vez mas intimidantes. En aquella época el amor en el barrio era algo reservado para los débiles de carácter. Regrese la mirada y la cagada. Ella lo sintió, vio en mis pupilas al mojón que por entonces era o tal vez soy. Soltó mi mano, encendido el auto y partió. ¿Qué podía hacer? Tenía las llaves del auto, más no el permiso; tenía dinero para el taxi, más no las agallas (Los huevos, acota el Maiky del 2007) la tuve a ella, más mis dudas me tuvieron a mi.

El tiempo pasó por demás rápido y con los años; además del invaluable comentario de muchas damas; existen momentos que necesitan de nosotros sin importar nuestra categorización: Ex, amigo cariñoso, afán jodido, admirador… no importa, tan sólo nos necesitan y allí, casi siempre, nosotros. Si, nosotros: La cagamos.

- Hola Miguel: ¿Sabes, no se qué ponerme?, ¿Estarás allí no?- con esas palabras inicio una conversa tan jodida como la del relato anterior. La actitud del relator no distó mucho de la de algunos años atrás. El resultado: El mismo. Y es que existen códigos sociales (Que las mujeres no comprenden) que pueden destruir nuestro Ego y por ende nos lleva a tomar decisiones estrictamente racionales.

Sin embargo, cuando un hombre y una mujer, sienten que cambian cuando están con la persona indicada; lo racional pierde valor.

Se que el arrepentimiento no devolverá la ceremonia a la agasajada y que tal vez estuvo en otro lugar celebrándolo quizás como y con quienes le aconseje. Sea cual fuese el caso, espero no deseo tener que esperar 2190 días para reconocer un grave error y seguir alejando mas gente vital por culpa del orgullo o temor.

Saben, aquella vez en el muro de la casa me quede helado, escuchando “Si tú no vuelves” de Miguel Bosse, dudo mucho que la protagonista de la primera historia le pida a alguna estrella que le cuente como estoy (Tal como dice la canción); pero sólo por si la estrella es requerida alguna vez. Psss… estrella confiésale que el chico creció, aprendió y ahora de cuando en cuando canta trátame suavemente; aunque claro ya no a ella.

El Mayki
* Veranillo: Dicese de estación media extraña, propia de la Ciudad del Cusco.